01/10/2014

Cuando andamos, sentimos bajo nuestros pies el cálido y maternal soporte seguro de la madre tierra y seguimos pegados a ella. Por contra, cuando bicicleamos, las ruedas son nuestras protésicas alas que nos permiten volar en cuerpo y alma allende las limitaciones bípedas.

Las dos terceras partes de la masa muscular del cuerpo humano se encuentra de caderas abajo. Esta es la razón de la excelencia del ciclismo y por eso aquello de que ‘quien mueve las piernas, mueve el corazón’.  El pedaleo somete a un esfuerzo aeróbico (moderado y mantenido) a todo el cuerpo, pues no solo están implicadas las piernas sino también los músculos de la caja torácica y los brazos. Como consecuencia, son exigidos directamente el aparato circulatorio (para alimentar, oxigenar y eliminar los productos catabólicos de las fibras musculares), el aparato respiratorio (para oxigenar la sangre, que actúa como vector) y el sistema nervioso, vigilante del mantenimiento del equilibrio, el cual es compensando con un torrente de endorfinas generadoras de felicidad. El aparato digestivo también es estimulado para compensar el gasto energético producido, que también se traduce, en su caso, en pérdida de tejido graso y de peso.

De manera que con la práctica habitual y continuada del ciclismo se obtienen impagables beneficios para cuerpo y mente… y para el calentamiento global, al no derrochar combustibles fósiles.

No obstante, no hay nada perfecto y, como toda buena medicina, tiene sus efectos secundarios, que no tienen por qué ser adversos si se actúa sabiamente. Uno de ellos es la solicitación fuerte de los músculos de la espalda y cuello, porque el manillar está muy bajo y el tronco está excesivamente inclinado hacia adelante (para que la resistencia del aire sea menor). El remedio es muy fácil: colocar unos cuernos suplementarios al manillar del estilo de los que podéis ver en la foto de mi bici, que os adjunto. Así el tronco está erguido y el problema se ha eliminado. La resistencia del aire aumenta, pero no estamos hablando de ganar el Tour.

El segundo efecto secundario es la presión que ejerce el cuerpo sobre el sillín, que afecta a toda la zona perineal y al tracto urinario bajo. Y en especial a la próstata de los hombres, pero no se han encontrado pruebas clínicas adversas cuando la bici se usa moderadamente aunque se haga diariamente. El problema de la presión sobre el sillín es únicamente por la incomodidad que produce, que afortunadamente desaparece con la práctica continuada: es lo que se llama ‘hacer culo’ en el argot bicicletero. No obstante, con la edad ya no se ‘hace culo’ porque la masa de los glúteos va disminuyendo y la presión de los isquiones, ver las figuras anexas, aumenta considerablemente. Y es que sobre el sillín de la bici solo se apoyan los isquiones. Por el contrario, cuando uno se sienta en una silla, además de los isquiones se apoyan los fémures (muslos), con lo que la presión total disminuye.

Así que llegadas a una cierta edad muchas personas abandonan el pedaleo, que es un buen seguro de vida, por no poder soportar el dolor de culo. Y es que la mayoría de sillines comerciales, incluso los anunciados como antiprostáticos, con forro de gel o sin él, no atajan el problema porque sencillamente son demasiado estrechos aunque muy diversos y golosos en la forma, muchos de los cuales he probado personalmente con desastroso resultado. Yo me resiento mucho de los bajos porque ya voy teniendo más años de los que quisiera, aunque mis buenos y mentirosos amigos me dicen que aparento bastanticos menos de los que tengo…  De manera que tuve que dejar la bici unos años hasta que me dio por pensar que tiene que haber algún tipo de sillín adecuado en algún lugar del mundo e hice todas las muchas pesquisas a las que mi ansia me impelió y, por fin, el empeño dio sus frutos: he encontrado un sillín de bicicleta estática comodísimo que permite pedalear con total soltura. Simplemente el hecho de sentarme en él me produce una enorme satisfacción y mayor orgullo que si me sentara en el mejor de los tronos. Ya sabéis que hasta en el trono más alto y digno uno se sienta siempre sobre sus propias posaderas…

Este sillín lo podéis ver en la foto de mi muy querida bici y mide nada menos que 28 cm de oreja a oreja y 27 cm de nuca a nariz. No os asuste tanto centímetro porque insisto que no he visto cosa más cómoda y que me permita pedalear tan lautamente. Su anchura está además especialmente indicada para las mujeres, en las que la separación entre isquiones es mayor que en los hombres, véase la figura.

Desgraciadamente solo puedo salir un día todas las semanas para hacerme unos 30 km y cuando bajo de la bici mis nalgas están totalmente descansadas y lamentando tener que despedirse de su tan buenísimo amigo el sillín.

Pues bien, la fabricante del sillín es una moderna empresa alemana llamada STEX que, ¡oh milagro!, tiene a su representante exclusivo y único para España radicado en Albacete, polígono Campollano, calle F, nº 28. Su precio, una vez adaptado a cada tija particular, es de 100 €… los mejores cien euros que he gastado en mi vida.

Hay que resaltar, por otra parte, que muchos modelos de bicis de paseo tienen manillar alto y sillín ancho (muchísimo menos cómodo que el mío), pero las de montaña no, y mucho menos las de carretera.

Así que os animo a seguir disfrutando, compartiendo, difundiendo los placeres de la bici y recogiendo sus múltiples y saludables beneficios.

En el camino nos vemos, compas.